Gregori Iefimovitch Novy, popularmente llamado Rasputín, fue uno de los personajes más oscuros de la historia de Rusia, cuya influencia fue tal que casi todo giraba entorno a él.
Conocido por sus dotes hipnóticas y curanderas, este campesino fue haciéndose de un nombre a costa de sus desesperados clientes. Esto llegó a oídos de la Zarina Alexandra, cuyo hijo, el Zarevich Alexei, constantemente estaba cerca de la muerte debido a la hemofilia. El único heredero de la corona rusa era la principal preocupación de Alexandra, y ante la desesperación porque los doctores no podían encontrar una cura, fijó la vista hacia el curanderismo como desesperada opción: alguien le había recomendado que tomara los servicios de aquel campesino. Éste, jurando haber rezado por el Zarevich, le aseguró a Alexandra que no morirá. Increíblemente el niño mejoró y el mujik fue instalado en el Palacio Real con ilimitados poderes como el consejero de la zarina. Considerado casi como un santo, Rasputín aprovechó la situación y llevó una vida por decir lo menos, lujuriosa. De bar en bar, y mujer tras mujer, el curandero hizo lo que quiso con la venia de la Alexandra, de la cual incluso se dice tenía relaciones con él. Para colmo, casi toda decisión tomada por los zares tenía que pasar por su opinión. La aristocracia rusa lo odiaba, pero a la vez no podían poner freno a una influencia casi mística. Pero con una Rusia siendo aniquilada por los alemanes en la Primera Guerra Mundial, este individuo ya se había convertido en una lacra que había que exterminar, y los planes para su asesinato estaban ya en marcha. Era el 17 de diciembre de 1916. El príncipe Yusupof, junto con Purichkevich, el doctor Sukhotin y el conde Demetri Pavlovich, preparó la trampa mortal. Invitó a Rasputín a una cena organizada en su honor para esa noche. Sin importar que estuviera consciente que sus anfitriones tenían la firme intención de matarlo, Rasputín aceptó ir. Llegado éste, le invitaron una fuente de pasteles que contenían una dosis de cianuro capaz de matar a un caballo. El invitado se lo comió como si fuera pastillas y no mostró reacción alguna. Desesperado porque el plan no funcionó, Yusupof sacó una pistola y le disparó tres veces. El curandero cayó y todos lo tomaron por muerto. Mientras los plagiarios discutían qué hacer con el cadáver, Rasputín se levantó y atacó a Yupusov: éste se quedó atónito pensando que esta criatura era inmortal. Luego él se arrastró hacia la puerta y salió de la casa pidiendo ayuda. Los tres nobles salieron del lugar y lo golpearon salvajemente hasta que su cráneo se partió y cayó inconsciente. Todos pensaron que por fin murió pero increíblemente seguía respirando. Lo siguieron ultrajando hasta que asumieron que tal castigo era suficiente como para que estuviera muerto tres veces. Fue atado de pies y manos y echado al río Neva. Cuando el cuerpo fue encontrado (esta vez sí, por fin muerto), encontraron uno de los brazos desatados y con marcas de intento de escape del río. Luego se determinó que Rasputín no murió sino mucho después de haber sido tirado al río por asfixia. En 1917 el Zar Nicolás II abdicó al poder y al año siguiente él y su familia fueron ejecutados. La era de los Zares en Rusia había llegado a su fin. Como un juego macabro del destino, Rasputín había vaticinado que cuando muera, el Zar perdería su corona en menos de un año.

1 comentario:
mmmmmmmhh.....q hombre ... mmmhh m pone
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